Resumen de la entrevista a Tamara Tenenbaum sobre «Un millón de cuartos propios»: consumo, deseo, trabajo, tecnología e independencia de la mujer.

Video original: la diaria · 32:24

De qué trata: es una entrevista en el programa Segunda Mañana, del medio uruguayo la diaria, a la escritora argentina Tamara Tenenbaum (autora de El fin del amor). Fue a presentar en la Feria del Libro de Montevideo su ensayo «Un millón de cuartos propios», una relectura de Un cuarto propio de Virginia Woolf, el clásico feminista de 1929 que dice que una mujer necesita dinero y un cuarto propio para poder escribir.

Cómo nació el libro

  • Le encargaron traducir Un cuarto propio al español rioplatense. Al releerlo notó que había ganado mucha actualidad, porque sus dos grandes temas, el trabajo y el tiempo, son los temas de los últimos 10 años.
  • Hoy la incertidumbre es tan grande que alguien de 40 años tiene que preguntarse de qué va a trabajar los próximos 30.
  • En vez de un prólogo, decidió escribir otro libro: una continuación y un homenaje, algo así como "hacer un cover" del original.
  • Lo leyó por primera vez de adolescente. Dice que es el clásico feminista más fácil de leer, mucho más que El segundo sexo o Judith Butler.

Idea central: el consumo reemplazó al deseo

  • Cuando ella era joven, la promesa era: estudiá una carrera, hacé las cosas más o menos bien y vas a estar tranquilo. Todos aspiraban a una vocación, a un "trabajo canchero". Hoy trabajar ya no da prestigio.
  • Hoy la idea de hacerse rico se asocia con cosas que no son trabajar: tocar un botón, mover plata, hacer alguna maniobra misteriosa. Ella aclara que eso no existe: nadie se hizo millonario con dos clics.
  • Un psicoanalista contó en ese mismo programa que llegan a su consultorio adolescentes cuya ambición es ser millonarios. Tamara vio en redes a un chico de 20 años que decía: "mis padres eran contador y médica, trabajaban todo el día y no eran ricos; no quiero que me pase lo mismo". Ella dice que cuando era chica nadie con padres profesionales pensaba así.
  • Lo resume así: antes los rockeros querían tocar su música y, de paso, ser millonarios; ahora primero quieren ser millonarios y después ven con qué.
  • Todo el espacio que uno dedica a "lo que quiere" se ocupa con lo que quiere comprar, y cuesta imaginar otro tipo de deseo. Incluso el tiempo libre gira alrededor de consumir: parece que ya no existe hacer cosas divertidas gratis.
  • Y no está funcionando: la gente no está feliz comprando cosas, está deprimida.

Rescatar la dignidad del trabajo

  • En Woolf hay una valoración del trabajo. Las mujeres de su época, que solo tenían acceso a trabajos de empleada doméstica o niñera, veían las profesiones como un lugar de prestigio al que aspiraban.
  • Para Tamara, el trabajo no es solo un sueldo. También es la dignidad de hacer algo bien y que le sirva a otros, y no tiene por qué ser arte: puede ser dar un gran servicio en un restaurante o sostener bien una casa.
  • Trabajar es una forma única de relacionarse con los demás, distinta de la amistad, de tener hijos o de casarse: es construir algo con otros. Woolf señala que las primeras escritoras, mujeres nobles, escribían pero nadie las leía ni participaban de la conversación, y sin eso no tiene sentido.
  • Por eso le parece problemática la visión tan negativa que hay hoy del trabajo, y le parece empobrecedor que todo se reduzca al sueño de "tocar un botón y hacer plata".

Tecnología: como pasó con el cigarrillo

  • Vivimos atravesados por la tecnología, y el desafío es que nuestras vidas sigan teniendo sentido. Muchas cosas valen justamente porque no tienen intermediarios. Reemplazarlas por su versión tecnológica muchas veces deja una pérdida grande.
  • Cree que estamos en una transición parecida a la del cigarrillo: un día nos dimos cuenta de que hacía mal. La gente no dejó de fumar de golpe, pero se reguló, y cada uno empezó a regularse a sí mismo. Hace 10 años nadie se preocupaba por los chicos y las pantallas; hoy es tema en todos lados.
  • Inteligencia artificial: en el arte no le preocupa, porque "por ahora no vi nada muy bueno". En la educación sí: los docentes ya no pueden encargar monografías ni tareas para la casa, solo evaluar con lápiz y papel. Hay que explicarles a los chicos lo mismo que a nosotros con la calculadora: sabe dividir, pero vos tenés que saber igual. Para eso hace falta que la sociedad valore los textos escritos por personas. Si no, los chicos van a decir: "¿para qué, si los adultos tampoco lo hacen?".
  • La palabra hablada está en un buen momento: los jóvenes miran videos de gente charlando más que ficción guionada. El problema es que se vuelve homogénea: todos hablan como lo que escuchan en internet, y se pierde lo local. La que la tiene más difícil es la palabra escrita.

Jóvenes sin calle

  • Los adultos de 30 y 40 años se quejan de sus citas, pero salen. Eso fue siempre así y no le preocupa.
  • Le preocupa más que los adolescentes no tienen contacto con la vida real, y no es solo por internet. También es por cómo se cría hoy: no tienen ninguna libertad. Chicos de 20 años no salen solos a la calle y los padres los siguen con aplicaciones de ubicación.
  • Una sobreviviente de la Noche de los Lápices (cuando la dictadura argentina secuestró y mató a estudiantes secundarios en 1976) le contó que ya casi no va a dar charlas a los colegios porque los chicos no la entienden. Ellos, a los 17 años, hacían política y pasaban noches en el colegio sin que sus padres supieran dónde estaban. Para los chicos de hoy eso suena a vida de alguien de 28 años.
  • La calle no es más peligrosa que hace 20 o 30 años según las estadísticas. Lo que cambió es que vemos el peligro todos los días en las redes y creemos que podemos evitarlo. La pandemia hizo que pareciera normal que un hijo esté encerrado cinco días.
  • La gran paradoja: encerramos a los chicos en una vida digital y después los culpamos por pasar mucho tiempo en internet, cuando es el único lugar donde son libres y pueden estar solos. Así, después un chico de 20 años no sabe invitar a una chica a tomar algo.

La cultura en Argentina

  • En lo material es un pésimo momento: desapareció el apoyo del Estado y, como la gente no tiene plata, la cultura es lo primero que se recorta. El sector privado no llena ese hueco.
  • Lo que más sufre es el cine, porque no se puede hacer sin dinero, a diferencia de la literatura. Pone de ejemplo una película argentina que fue al Festival de San Sebastián con fondos estatales de varios países, pero no de Argentina: "si Argentina no invierte en películas argentinas, no las vamos a tener".
  • Para los escritores, el riesgo es relacionarse solo con gente de la cultura, que lleva vidas de clase media muy parecidas entre sí. Las grandes novelas rusas no hablan de escritores, hablan de cosas mucho más interesantes. Hoy pedimos comida sin hablar con nadie y hacemos todos los trámites en la computadora, y así perdemos ese roce con otros mundos.

La independencia económica de la mujer

  • Para Woolf el trabajo es mucho más que dinero, pero el dinero es una parte grande de la independencia.
  • Tamara cree que esa idea está en crisis: junto con el sueño de hacerse rico con dos clics aparece la fantasía de "pegar un marido con plata". Eso sí existe, pero suele esclavizar más que liberar: no podés separarte cuando querés, ni comprarte algo sin dar explicaciones, y tenés que rendir cuentas de los gastos de la tarjeta. Además, cuando tu tiempo vale menos que el del otro, aparece el "¿para qué vas a trabajar, si ganás lo mismo que la niñera?".
  • Sobre las tradwives (mujeres que muestran en redes una vida de esposa tradicional en el campo, con muchos hijos, y facturan con esos videos): cree que es un fenómeno de internet, sin correlato en la vida real. Pero sí le preocupa que se esté instalando la idea de que ser independiente económicamente "es algo viejo". Las que ya vieron muchos divorcios saben que depender de otro no suele salir bien.